Una posición sumamente difundida, es
hablar del ambiente y la contaminación, como si fueran cuestiones que les
suceden a otros en alguna otra parte del planeta y que podemos ver en los
noticieros.
La verdad es que el asunto comienza con
nosotros mismos, ya que somos nosotros, los omnipotentes seres humanos,
quienes depredamos y emponzoñamos la Naturaleza.
Según aquella forma de ver las cosas,
todo el mundo espera que los problemas sean resueltos por
"especialistas", desentendiéndose personalmente de su parte de
responsabilidad en la problemática general.
Los problemas ambientales no pasan sólo
por el rubro de lo que emiten las industrias con sus efluvios tóxicos o el
uso indiscriminado de fertilizantes químicos, herbicidas artificiales y
pesticidas residuales en la producción rural de alimentos. Cada persona que
habita en algún centro urbano, genera cierta cantidad de basura cuyo volumen
varía según se trate de países centrales o periféricos.
Utiliza en la cocina
y el baño todos los días abundante cantidad de agua potable que es vertida
como "agua gris", y la que se contamina con excrementos y demás
desechos tóxicos vertidos en el inodoro hogareño que se convierten en
"aguas negras"; las latas, envases plásticos descartables, fundas
de polietileno y demás desechos "no degradables". Esta problemática
involucran también la ingestión de alimentos envasados sin valor nutritivo
real o portadores de aditivos sintéticos nocivos, sin olvidar el uso masivo
de hormonas, antibióticos y medicinas varias que incrementan el lucro de los
criadores de ganado y aves.
La gama de amenazas se extiende a la industria farmacéutica
y a la mecánica "recetadora" de la medicina alopática, que
introduce en el cuerpo productos que socavan la potencialidad sanadora del
mismo.
Todo ello está en relación directa con
lo que se llama "calidad de vida" y no se enriquece, por
cierto, plantando árboles en las plazoletas de la ciudad. Y aun no hemos
hablado siquiera del peligro que corren las especies vegetales o animales en
vías de extinción, los cambios climáticos emanados de los grandes espejos
artificiales de agua, en los complejos de represas hidroeléctricas, la tala
indiscriminada de especies arbóreas o de la verdadera amenaza constante que
es la radiación ionizante como resultado de la proliferación de plantas de
energía nuclear.
En lo más personal,
situación directamente vinculada con nuestro estilo de vida, con la
comodidad, con la apatía, con el consumo de alimentos que no son puros ni
confiables, con la violación de las leyes naturales, con el uso discrecional
de venenos a insecticidas, con el derroche de energía eléctrica y de agua,
con el uso de detergentes sintéticos no-biodegradables, el uso de aerosoles,
la automedicación, el consumo de productos alimenticios cada vez más
refinados y otros que vienen conteniendo colorantes, conservantes,
edulcorantes sintéticos, estabilizantes y demás aditivos químicos como el
"sabor a" que forman parte de las golosinas de los niños.
Respiramos mal, vivimos encerrados en cajas de cemento donde nuestros niños
crecen casi sin contacto con la naturaleza; aspiramos polvo, plomo emitido por
los caños de escape de los automóviles, amianto de las pastillas de frenos,
caucho del desgaste de los neumáticos, humo de fumadores desaprensivos y en
definitiva, nos sumamos a la marcha alocada de la civilización rumbo a la
autodestrucción física, mental y espiritual.
De modo que todo esto no es
una miniserie que vemos por televisión y sucede en un país extraño, si bien
la influencia de alguno de estos elementos depende, sin duda, del estándar
socio económico de vida que tengamos.
En estas condiciones, somos
victimas de nuestro afán de lucro, desaprensión, comodidad y negligencia y
victimarios de un presente anestesiado y de un futuro hipotecado para las
generaciones futuras (si las hubiese...), si es que no asumimos nuestra
responsabilidad como seres humanos.
Pero, ¿quién se da por
aludido? De la respuesta pueden salir algunas reflexiones que contribuyan a
modificar el sentido de esta realidad. Es que somos, al menos, cómplices por
omisión.
Es en este sentido que
podemos ver desde hace tiempo a grupos de personas que están tomando parte
activa en defensa de la salud y el entorno. Que deciden poner su energía en
cambiar su nivel de conciencia, para convertirse en seres más humanos y
responsables de la incidencia que tiene su presencia en el entorno social en
que viven.
Dijo Jacques Cousteau:
"La protección del ambiente, por supuesto, está íntimamente conectada
con la búsqueda de la felicidad. Los seres que se proyectan son los
participantes, los protagonistas, no meras ilusiones. Utilizan su
imaginación, su ingenio y su intelecto, para encontrar maneras de ligarse con
el Universo y con el resto de la Humanidad. No se ven como células aisladas
en el océano humano; ven a la Humanidad funcionando como una sola
célula".
Percibir la realidad de
este modo, no es algo que sucede por casualidad: es preciso disponerse
verdaderamente a ver el mundo. No es sencillo recuperar la espontaneidad y la
intuición, que no hemos perdido, pero que yacen sepultados bajo un montón de
chatarra intelectual y dialéctica. El ejercicio de una ética, requiere de una
conciencia constante en todos los actos de nuestra vida. No se trata de
racionalizar todo, sino de quebrar los muros de las prisiones que nos
asfixian; no de dar explicaciones o justificarse, sino de comprender que
somos el único responsable de nuestros actos, no para aceptar orgullosa y
resignadamente los pobres resultados, sino para reconocer humildemente que
los resultados no nos pertenecen, pero siempre y cuando hayamos encarado la
lucha con la espada de la conciencia.
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fuente: Todo Argentina.com | |